Cicatrices ginecológicas

Las cicatrices de episiotomías, cirugías o cesáreas pueden provocar picor, dolor o tirantez. Y algunas que no nos molestaban, pueden causar molestias en la menopausia. La razón es el déficit de estrógenos, que afecta a la elasticidad en los tejidos y a la vascularización, lo que puede aumentar la tensión local y la sensibilidad.
Cicatrices ginecológicas
Las cicatrices de episiotomías, cirugías o cesáreas pueden provocar picor, dolor o tirantez. Y algunas que no nos molestaban, pueden causar molestias en la menopausia. La razón es el déficit de estrógenos, que afecta a la elasticidad en los tejidos y a la vascularización, lo que puede aumentar la tensión local y la sensibilidad.

Cada vez hay más mujeres que dan a luz sin tener un desgarro perineal ni necesitar una episiotomía. Sin embargo, a veces está indicado practicar esta intervención para facilitar la expulsión del bebé. En estos casos, al igual que ocurre con la cesárea, es inevitable que quede una cicatriz. Estas cicatrices pueden generar adherencias en los tejidos subcutáneos y dificultar el movimiento de las estructuras adyacentes, tanto de órganos como a nivel muscular y de los ligamentos.

En el caso de que se haya practicado una episiotomía, se puede hacer una valoración abdomino-pélvica pasada la cuarentena. Si el parto ha sido por cesárea, se deberá de esperar un poco más, entre 6-8 semanas para dar tiempo a que la herida haya cicatrizado. Esta valoración permite observar si el proceso sigue el curso esperado o es conveniente aplicar algún tratamiento para favorecer una buena cicatrización de los tejidos y evitar posibles complicaciones o disfunciones en la zona abdominal y el suelo pélvico.

Por otro lado, es posible que cicatrices que no molestaban, provoquen molestias en la menopausia. Esto ocurre por varios factores: por un lado, el déficit de estrógenos reduce la cantidad de colágeno y afecta a la elasticidad en los tejidos, por lo que la cicatriz se puede volver más tensa. También se produce una menor vascularización, lo que dificulta la reparación de los tejidos y puede afectar la sensibilidad nerviosa.

En ocasiones el proceso de cicatrización puede dar lugar a cicatrices hipertróficas o queloides. Asimismo, las cicatrices que han tenido complicaciones, como infecciones o dehiscencias (es decir, que se abren) pueden curarse de forma errática, produciendo defectos estéticos y funcionales. Todos estos problemas se deben consultar, ya que se pueden tratar.

Tratamientos para las cicatrices ginecológicas

Preguntas frecuentes

Sí, la capacidad de cicatrizar varía entre las personas debido a factores genéticos y otros elementos. La predisposición genética influye en la respuesta del cuerpo a las heridas, como la producción de colágeno y la inflamación. Algunas personas tienen una mayor tendencia a formar cicatrices queloides (cicatrices gruesas y elevadas) debido a variantes genéticas que afectan estos procesos. Además, factores como la edad, la nutrición, la salud general y el cuidado de la herida también influyen en la cicatrización. Por lo tanto, las diferencias en la cicatrización son una combinación de genética y condiciones ambientales.

Hay que procurar que la zona esté siempre limpia y seca y no cargar peso ni hacer ejercicios de impacto (correr, saltar), así como evitar las piscinas y jacuzzis (están completamente contraindicados). También se aconseja utilizar ropa holgada y lencería 100% de algodón y transpirable.

Generalmente, se recomienda esperar al menos 6 semanas después del parto o cesárea antes de considerar cualquier tratamiento para la cicatriz, ya que este es el tiempo aproximado en que la herida está lo suficientemente curada para evaluar su evolución. Durante las primeras semanas, la cicatrización sigue un proceso de formación de colágeno y la piel aún está vulnerable.

Los queloides se forman cuando el cuerpo produce demasiado colágeno durante la cicatrización de una herida. El colágeno es una proteína que ayuda a reparar la piel, pero cuando la producción es excesiva, se forma un bulto o protuberancia que sobresale de la piel, creando una cicatriz gruesa y elevada. Esto suele ocurrir porque el proceso de curación se desregula. En lugar de detenerse una vez que la herida está cerrada, la producción de colágeno continúa de manera descontrolada. Aunque la causa exacta no se conoce, los factores genéticos juegan un papel importante: algunas personas tienen una predisposición hereditaria a formar queloides.

Es difícil prevenir los queloides dado que hay cuestiones genéticas involucradas, pero sí que podemos reducir el riesgo que se formen o disminuir el tamaño con medidas, como cuidar bien la herida desde el principio del proceso de cicatrización, utilizar geles o parches de silicona, realizar masajes suaves una vez esté cicatrizada y evitar la exposición solar. En casos donde ya se ha formado el queloide, se pueden optar por tratamientos como la infiltración de corticoides intracicatrizales o el tratamiento con láser

Sí. Se ha demostrado que practicarlo a diario a partir de la semana 32 del embarazo ayuda a aumentar la elasticidad y flexibilidad de los tejidos del periné y de la vagina.

Si bien algunos aceites o cremas pueden ayudar a mejorar la hidratación y la flexibilidad de la piel, los productos más respaldados por la ciencia para mejorar la cicatrización son los geles de silicona.

Se puede empezar con masajes sobre la misma después de las 6 semanas postparto. También es importante mantenerla hidratada, se pueden utilizar aceites como el de rosa mosqueta u otros emolientes. Si las molestias persisten a pesar de estas medidas, se pueden plantear tratamientos regenerativos para mejorar ese proceso cicatrizal.